Carlos Chong, liberando sus monstruos burlones.

Había tenido ya varias entrevistas previas, con los cerdos , la Alicia alocada, el rey Ludwig, los peces hambrientos y las salchichas abrigadas de Carlos.
Pero este domingo estos mostritos prontos para ser exhibidos en la Universidad Católica, ( El día 17 de mayo es la inauguración) , de esta muestra movible , titulada el jardín del delirio. Antes de salir al la intemperie me llamaron para una visita y me contaron su trayectoria desde que fueron creados por el humor de Carlos Chong.
A pesar de haber tenido una entrevista personalísima con cada uno, la voz común de todos, nacida de la punta del lápiz ágil y descubridor de sus almas desinhibidas, ése canto general de la colección completa, me pidió que contara de su excelente elaboración en la visión sarcástica, fina y cómo Carlos mismo dice: llena de vida ,de sus esperpénticos, pero graciosos mostritos ,que llegaron al Perú después que Carlos ha elaborado toda una visión de la fantasía, el erotismo y la fineza del trazo, tras una larga trayectoria en Europa, especialmente en las Islas Canarias que fueron su segunda patria por casi dos décadas.
Si bien es cierto hay mínimos toques de orientalismo en el encuentro de una elaboración minuciosa de los mostritos, no dejan de ser el legado de todo un bestiario occidental probablemente adquirido de una lectura propia de varios dibujantes surrealistas europeos y sobre todo de la cultura circense que tergiversa toda moral establecida para reírse de ella, y construir una vitalidad enraizada en un paisaje real, la sexualidad , la comida, la convivencia del hombre como intelecto al lado de animales que le invitan a mirar sin miseria su propia condición de inferioridad en un mundo donde sin la intervención de Carlos morirían en la olla o el simple olvido.
Cada detalle en los mostritos es una alabanza a diferentes aspectos espirituales o sicológicos de la condición humana, la agresividad, la compasión, la codicia, la ambivalencia. Todos ellos dibujados con maestría, sagacidad y gran generosidad.
Creo que una cosa que me invitó a desplegar con obligada profundidad mi mirada sobre los dibujos de Carlos, ( más que la simpatía por ser hijos de chinos migrantes en el Perú y haber sido adoptados en algún momento de nuestra vida por la hispanidad grandilocuente y su cultura ibérica), fue poder conversar sobre la generosidad y la mezquindad en el arte y su apreciación.
Parte de ser generoso al crear y al criticar es entender que el cerebro a veces crea desde la avaricia, desde la escasez o la necesidad , otras veces crea desde la abundancia. Creo que todos los mostritos de Carlos vienen de una absoluta abundancia de elasticidad y saber reír.
Hay que saber reírse de las cosas, de sí mismo, de la vida y de la muerte como Carlos, para encontrar ésa rimbombancia en el dibujo que prácticamente quiere pararse y empezar a rodar fuera del papel para contar sus andanzas y extravagancias, alegrando al espectador y convidándolo a un banquete de inmundicias provocativas y contestatarias, como todo buen arte, que le divertirá el alma por mucho tiempo.

                                                                                                      Julia Wong